¿Cuándo te ganó el orgullo y escogiste el llanto por no perdonarme? ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste solo y llegaste a odiarme? ¿Cuándo llegó a convencerte el maldito despecho que un clavo saca otro?
¿Cuándo te olvidaste que el caso no es
Entenderse, sino que aceptarse?
Si se sanó tú herida borra también la cicatriz.
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